En los tiempos modernos la familia moderna, ha sufrido quizás como ninguna otra institución, la acometida de las transformaciones amplias, profundas y rápidas de la sociedad y de la cultura. muchas familias viven esta situación permaneciendo fieles a los valores que constituyen el fundamento de la institución familiar. Otras se sienten inciertas y desanimadas de cara a su cometido, e incluso en estado de duda o de ignorancia respecto al significado último y a la verdad de la vida conyugal y familiar. otras, en fin, a causa de diferentes situaciones de injusticia se ven impedidas para realizar sus derechos fundamentales.
La iglesia, consciente de que el matrimonio y la familia constituyen uno de los bienes más preciosos de la humanidad, quiere hacer sentir su voz y ofrecer su ayuda a todo aquel que, conociendo ya el valor del matrimonio y de la familia, trata de vivirlo fielmente; a todo aquel que, en medio de la incertidumbre o de la ansiedad, busca la verdad y a todo aquel que se ve injustamente impedido para vivir con libertad el propio proyecto familiar. sosteniendo a los primeros, iluminando a los segundos y ayudando a los demás, la iglesia ofrece su servicio a todo hombre preocupado por los destinos del matrimonio y de la familia.
¡El futuro de la humanidad se fragua en la familia!
«Es necesario que las familias de nuestro tiempo vuelvan a remontarse más alto. es necesario que sigan a cristo». “Familiaris Consortio, Juan Pablo II”


