Homilía
de
El Reverendísimo John J. Myers,
Arzobizpo de Newark,
de la Misa de medianoche
Catedral Basílica del Sagrado Corazón
25 de diciembre, 2001
Bienvenidos
a la Catedral Basílica del Sagrado Corazón.
¡Alabado sea Jesucristo en el Aniversario de Su nacimiento!
Celebramos el nacimiento de nuestro Salvador aunque este año
estemos más conscientes de la necesidad de salvación
ante el mal que puede ensimismar el corazón humano y amenazar
a la sociedad.
Hace algunos años un primo mío me envió este
cuento: Un grupo de científicos hablaban entre sí
de sus logros. Por fin llegaron a la conclusión de
que eran tan buenos que no necesitaban más a Dios, y enviaron
a uno de ellos para que le informara a Dios de su decisión.
El científico llegó ante Dios y Este lo escuchó
pacientemente. Luego le dijo: "Está bien; pero
hagamos un concurso de fabricación de hombres. Lo haremos
igual que Yo lo hice la primera vez" El científico
dijo: "De acuerdo" y se agachó cogiendo del suelo
un puñado de lodo. Dios le dijo entonces: "Oh
no, no, tú tienes que fabricar tu propio lodo."
Esta historia simple y un poco tonta nos revela cuán cerrados
podemos ser los humanos cuando pensamos en Dios y en las cosas de
Dios. Necesitamos aniversarios y jubileos que nos ayuden a
pensar de nuevo.
Este universo tan vasto que sostiene billones, no sólo de
estrellas sino de galaxias; tan inmenso que la luz tarda millones
de años en llegar a nosotros desde algunas partes del universo,
Dios lo creó "ex nihilo" (de la nada). Y
nosotros seguimos descubriendo los secretos increíbles del
átomo y de las partículas subatómicas, y los
secretos de las fuerzas naturales, y hasta algunos de los secretos
de la vida misma.
Y todo esto apenas empieza a apuntar a la infinitud, al poder y
a la sabiduría de Dios. El Dios infinito que hemos
conocido por Su revelación es una comunión de personas:
Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Este Dios hizo a los seres humanos a Su propia imagen para conocer,
amar y crear; para formar comunidad igual que El es comunidad, con
El y unos con otros.
La humanidad hizo mal uso de la creación introduciendo en
el mundo el pecado, el egoísmo y el mal, por consiguiente,
separándonos de nuestra comunión de amor con Dios
y poniendo inmensos obstáculos en el camino de la pacífica
comunidad humana.
Nosotros tenemos la experiencia todavía fresca y poderosa
de esta realidad, en los acontecimientos que recientemente afectaron
nuestra área y nuestro país.
Dios no nos dejaría así. El preparó el
CAMINO a través de los siglos. Y cuando todo estuvo
preparado, Dios Hijo se encarnó en el seno de la Bienaventurada
Virgen María por Obra y gracia del Espíritu Santo.
Esta noche estamos celebrando el nacimiento que ocurrió,
no como se esperaba, sino en la pobreza y la simpliciadad.
El gran Dios entró silenciosamente en el mundo y empezó
una vida llena de portentos y de verdades humanas; de belleza y
de bondad, que terminaría en el sufrimiento y la muerte seguidos
de la Resurrección y la Gloria.
El Dios-hombre restauraría nuestra comunión con Dios
enseñándonos a amarnos y servirnos unos a otros.
En esto radica nuestra paz.
San Pablo expresa esto en su carta a Tito:
"La
gracia de Dios vino a este mundo trayendo la salvación
a todos los hombres y educándonos para que aprendamos
a
rechazar la maldad y los deseos mundanos y vivamos así
en
este mundo como seres responsables, justos y que sirven a Dios." |
¿Qué
sucedió cuando Dios se hizo verdadero hombre? Aprendimos
de la nobleza, la belleza y la bondad del ser humano. Ansiamos vivir
bien, con nobleza y amor. Y podemos hacerlo si aceptamos el
don de Dios.
Por eso celebramos. Por eso buscamos ansiosamente la familia
y la comunidad. Por eso ansiamos amar y ser generosos a nuestra
vez. Los ángeles lo anunciaron aún "Les traemos
una Buena noticia que será motivo de mucha alegría
para todo el mundo. Hoy nació para ustedes un Salvador
que es Cristo Señor."
La Bienaventurada Virgen María y San José junto con
gente sencilla como los pastores, escucharon, entendieron y creyeron.
Desde ese momento sus vidas cambiaron para siempre. Que por
su intercesión y la gracia de Dios suceda lo mismo en cada
uno de nosotros.
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