Brian Forés
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Para Publicar:
21 de diciembre, 2001

Homilía de
El Reverendísimo John J. Myers,
Arzobizpo de Newark,
de la Misa de medianoche
Catedral Basílica del Sagrado Corazón
25 de diciembre, 2001

Bienvenidos a la Catedral Basílica del Sagrado Corazón.  ¡Alabado sea Jesucristo en el Aniversario de Su nacimiento!  Celebramos el nacimiento de nuestro Salvador aunque este año estemos más conscientes de la necesidad de salvación ante el mal que puede ensimismar el corazón humano y amenazar a la sociedad.
Hace algunos años un primo mío me envió este cuento: Un grupo de científicos hablaban entre sí de sus logros.  Por fin llegaron a la conclusión de que eran tan buenos que no necesitaban más a Dios, y enviaron a uno de ellos para que le informara a Dios de su decisión. 
El científico llegó ante Dios y Este lo escuchó pacientemente.  Luego le dijo: "Está bien; pero hagamos un concurso de fabricación de hombres.  Lo haremos igual que Yo lo hice la primera vez"  El científico dijo: "De acuerdo" y se agachó cogiendo del suelo un puñado de lodo.  Dios le dijo entonces: "Oh no, no, tú tienes que fabricar tu propio lodo."

Esta historia simple y un poco tonta nos revela cuán cerrados podemos ser los humanos cuando pensamos en Dios y en las cosas de Dios.  Necesitamos aniversarios y jubileos que nos ayuden a pensar de nuevo.
Este universo tan vasto que sostiene billones, no sólo de estrellas sino de galaxias; tan inmenso que la luz tarda millones de años en llegar a nosotros desde algunas partes del universo, Dios lo creó "ex nihilo" (de la nada).  Y nosotros seguimos descubriendo los secretos increíbles del átomo y de las partículas subatómicas, y los secretos de las fuerzas naturales, y hasta algunos de los secretos de la vida misma.

Y todo esto apenas empieza a apuntar a la infinitud, al poder y a la sabiduría de Dios.  El Dios infinito que hemos conocido por Su revelación es una comunión de personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Este Dios hizo a los seres humanos a Su propia imagen para conocer, amar y crear; para formar comunidad igual que El es comunidad, con El y unos con otros.

La humanidad hizo mal uso de la creación introduciendo en el mundo el pecado, el egoísmo y el mal, por consiguiente, separándonos de nuestra comunión de amor con Dios y poniendo inmensos obstáculos en el camino de la pacífica comunidad humana.

Nosotros tenemos la experiencia todavía fresca y poderosa de esta realidad, en los acontecimientos que recientemente afectaron nuestra área y nuestro país.
 
Dios no nos dejaría así.  El preparó el CAMINO a través de los siglos.  Y cuando todo estuvo preparado, Dios Hijo se encarnó en el seno de la Bienaventurada Virgen María por Obra y gracia del Espíritu Santo.
Esta noche estamos celebrando el nacimiento que ocurrió, no como se esperaba, sino en la pobreza y la simpliciadad.  El gran Dios entró silenciosamente en el mundo y empezó una vida llena de portentos y de verdades humanas; de belleza y de bondad, que terminaría en el sufrimiento y la muerte seguidos de la Resurrección y la Gloria.
El Dios-hombre restauraría nuestra comunión con Dios enseñándonos a amarnos y servirnos unos a otros.  En esto radica nuestra paz.
San Pablo expresa esto en su carta a Tito:

"La gracia de Dios vino a este mundo trayendo la salvación
a todos los hombres y educándonos para que aprendamos a
rechazar la maldad y los deseos mundanos y vivamos así en
este mundo como seres responsables, justos y que sirven a Dios."

¿Qué sucedió cuando Dios se hizo verdadero hombre? Aprendimos de la nobleza, la belleza y la bondad del ser humano. Ansiamos vivir bien, con nobleza y amor.  Y podemos hacerlo si aceptamos el don de Dios.

Por eso celebramos.  Por eso buscamos ansiosamente la familia y la comunidad.  Por eso ansiamos amar y ser generosos a nuestra vez. Los ángeles lo anunciaron aún "Les traemos una Buena noticia que será motivo de mucha alegría para todo el mundo.  Hoy nació para ustedes un Salvador que es Cristo Señor."

La Bienaventurada Virgen María y San José junto con gente sencilla como los pastores, escucharon, entendieron y creyeron.  Desde ese momento sus vidas cambiaron para siempre.  Que por su intercesión y la gracia de Dios suceda lo mismo en cada uno de nosotros.

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