Skip to main content

El espíritu del V Encuentro continúa

La pandemia nos ha hecho ser creativos en medio de las limitaciones. Porque la vida y los sueños no se detienen. Y la misión continúa.

Tampoco el proceso del V Encuentro Nacional Hispano que comenzó hace cuatro años y y debía terminar con grandes reuniones, a todos los niveles, este año. Pero el virus nos jugó una mala pasada y nos hemos tenido que ver desde lejitos. Como en tantas cosas hoy día.

En el fin de semana del 9-10 de octubre un numeroso grupo de personas de nuestra Arquidiócesis de Newark nos conectamos con otras de más de cien diócesis en los Estados Unidos para orar juntos, escucharnos y crear un tiempo para analizar cómo vamos con las propuestas que nos hicimos hace dos años. Pasamos juntos la tarde del sábado. Unidos en la pantallita mágica, a la que tan acostumbrados nos tienen hoy en día. Algunos en pequeños grupos en sus parroquias, otros desde sus casas.

Era el último momento de un proceso que se inició hace cuatro años, cuando los obispos de los Estados Unidos nos recordaron que querían escuchar nuestras voces. Las de los hispanos de todo el país. Querían que todos reflexionáramos sobre cómo puede la Iglesia servir mejor a nuestras necesidades particulares y cómo podemos nosotros responder –como discípulos misioneros– a la misión común que todos tenemos como bautizados. Era la convocatoria del V Encuentro Nacional Hispano.

Comenzamos a correr la voz en nuestra Arquidiócesis. Que para eso se apuntaron un buen grupo de líderes parroquiales incansables. Invitamos a todas las parroquias –ochenta– con ministerio hispano. Informamos a sacerdotes y laicos. A comunicar entusiasmo nos ayudó la llegada en enero del 2017 del Cardenal Joseph Tobin, nuestro arzobispo, que ya había sabido de lo que “se cocinaba” a nivel nacional y estaba contento con que nuestra arquidiócesis participara de lleno.

Muchas fueron las parroquias que respondieron a la invitación. Más de dos mil quinientas personas participaron en los pequeños grupos parroquiales. Y al final, unos trescientos delegados de estos grupos llevaron sus voces y su vivencia al Encuentro Arquidiocesano en el Centro Juan Pablo II de Kearny. ¡Qué día aquel para recordar! Y, como colofón, la Eucaristía sentida y vivida como discípulos misioneros alrededor de nuestro Arzobispo, Mons. Cruz y Mons. Arias y más de treinta sacerdotes. ¡Ah, y un buen número de diáconos, que tan importantes son en el servicio a nuestras comunidades!

–La Iglesia de Newark está realmente viva y lo hemos experimentado en este día –comentaba con entusiasmo un sacerdote al terminar el Encuentro Arquidiocesano.
Las voces nos señalaron prioridades pastorales que recogimos para que toda la Arquidiócesis las pusiera en su consideración. Las dos primeras y más urgentes: la formación de los laicos y trabajar para que nuestras parroquias sean más acogedoras, más misioneras.

Meses después fuimos a Freehold, New Jersey, al Encuentro Regional. Nuestros 85 delegados fueron parte de las 350 personas de diez diócesis de New Jersey y Pensilvania. Otro día lleno de momentos de oración y de compartir con hispanos de cerca y de lejos, de ofrecer experiencias y buscar prioridades, siempre mirando al futuro. Tomando conciencia de la responsabilidad que pesa sobre nuestros hombros.

Como telón de fondo, la invitación del papa a ser discípulos misioneros entre nuestros hermanos, de salir a su encuentro y caminar a su lado dando testimonio de su fe.

–Estamos llamados a llevar la Iglesia a los lugares donde el cepillo dental no llega –decía Damián de Armas. Es decir, a todas partes.

Creo que a los que asistimos a la gran celebración eucarística del 2 de marzo del 2018 en la Catedral de Newark nos será difícil olvidarla. La gran tormenta de todo aquel día nos hizo dudar si debíamos suspenderla. El fuerte viento no impidió que a las ocho de la noche la catedral viera a más de setecientas personas, con un buen número de sacerdotes y diáconos, cruzar sus puertas.

–¡Ustedes sí son bravos! –comenzó diciendo el Cardenal Tobin, quien nos recordó que el V Encuentro había dejado una huella profunda en la Arquidiócesis. Y allí estaba la muestra.

Una de las dimensiones importantes del V Encuentro ha sido la consulta a nuestro pueblo. Tanto en las parroquias como en el Encuentro Arquidiocesano fue importante el análisis de nuestra realidad social y familiar, al igual que las recomendaciones de cómo poder servir mejor tanto a los que forman parte de nuestras comunidades parroquiales como a aquellos que por alguna razón se han desligado de la Iglesia.

–Era palpable el espíritu de hermandad de los participantes en el Encuentro y su entrega incondicional a nuestra Iglesia en medio de todas las ocupaciones en la vida diaria –comentaba Mons. Manuel Cruz.

Y llegó el Encuentro Nacional en Grapevine, Texas. Los números cantan la importancia de los cuatro días de ese evento: ciento sesenta diócesis, más de ciento veinte obispos –incluyendo cardenales y el Nuncio Apostólico–, más de mil ochocientos delegados… Y entre ellos, treinta y cinco de nuestra Arquidiócesis, acompañando al Cardenal Tobin, a Mons. Manuel Cruz y a Mons. David Arias, testigo histórico de los cinco encuentros nacionales.

–Todo ha superado las expectativas que traía. ¡Esto es increíble!

Hasta el Papa Francisco nos mandó un mensaje caluroso. Y el aplauso –todos de pie– fue largo y sentido en aquel enorme salón.

–El Papa es Pedro para nosotros y lo amamos –nos decía el arzobispo de San Antonio.

Su presencia se sintió constantemente. Se repitieron sus preguntas, se habló su lenguaje, se reflexionó cómo poner en práctica la invitación a “ser iglesia en salida”, a “primerear”, ir a las periferias, abrir las puertas de la iglesia no solo para que entren los que llegan, sino para salir nosotros al encuentro de nuestros hermanos. En resumidas cuentas, ser “discípulos misioneros: testigos del amor de Dios”, como decía el lema del Encuentro. Y todo esto sin miedo.

–Tenemos diferentes culturas, diferente religiosidad, pero en la Iglesia tenemos que encontrarnos y ser uno –nos dijo el arzobispo José Gómez, de Los Ángeles, hoy presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos.

Eran días de tormenta y de nubes oscuras para la Iglesia aquellos de septiembre de 2018. Y algún obispo nos recordó que aquel Encuentro era un poco un bálsamo, “una caricia de Dios” para todos.

–Una nueva realidad está naciendo en la vida de la Iglesia por las cualidades que ustedes nos traen – nos dijo el Cardenal Blase Cupich de Chicago.

El proceso del V Encuentro ha continuado.

–Lo más importante es la misión. Hoy el Señor nos envía a la misión. No nos promete que todo será de color de rosa. Pero que no nos roben la esperanza, la alegría, el celo apostólico, lo que ha surgido en el corazón en estos días –nos decía al despedirnos en Texas Mons. Gustavo García-Siller, el arzobispo de San Antonio.

A todos los que hemos participado en este proceso histórico nos quedará para siempre grabada la invitación a cultivar el encuentro personal con el Señor y a ser discípulos misioneros en unas comunidades que se distinguirán sobre todo por ser lugares de acogida a los recién llegados y a los más necesitados.

De la mano de María, la Guadalupana, la Madre de todos, “Salgamos a llevar el evangelio”. Lo hemos cantado muchas veces estos años. Y lo seguiremos cantando.